Rebelión
Enlazando con mi anterior post me descubro pensando acerca de la naturaleza del rebelde.
La entrada anterior la escribí por dos motivos. El primero era para averiguar si alguien se hacía eco de la idea de que las oportunidades para ser un rebelde son muchas, pero por alguna razón, están todas demasiado usadas para ser útiles. La segunda es que hacer una pregunta como la que planteé siempre da respuestas interesantes y muy indicativas de lo que piensa una persona y de lo que es importante para ella.
Respondiendo a Athair, no creo que la rebeldía sin causa exista, de la misma manera que no puede existir un "arriba" sin un "abajo". Toda rebeldía siempre tiene una causa, porque no se puede disociar de ésta. Otra cosa es que la causa esté a la vista o profundamente enterrada, pero siempre está ahí, latente, una injusticia, una circunstancia que hace pensar que las cosas pueden ser de otra manera, algo que empuja al ser humano a luchar.
No. Siempre hay una causa. Y hoy en día se tienen muchas causas por las que luchar y salirte de la manada. Muchas más que nunca, opino.
Lo que sucede es que ese ente, lento pero inteligente, al que se conoce por "civilización occidental", ha creado una manda para aquellos que se quieren salir de la manada. Ese ente aprende y es muy listo.
Mirando a mi alrededor me doy cuenta de que no hay demasiada innovación a mi alrededor, en materia de manera de pensar y de actuar. Ser ideológicamente de izquierdas es cada vez más dificil porque cada vez queda menos espacio para lo nuevo. Sencillamente porque para "lo nuevo" ya hay creado un espacio determinado dentro del todo, un espacio controlado desde el que ir dosificando lo nuevo en la medida deseable. La civilización occidental, harta de enfermedades milenarias, ha optado por vacunarse contra el nocivo virus de la rebeldía. Los del otro lado del charco tienen razón: Europa es La Vieja Europa.
Amandil relata bien esta idea cuando acertadamente aporta:
Lo cierto es que los antiguos símbolos de rebeldía (fumar, ser malote, beber, ser el más machote, pasar de la "pasma", saltarte los tabús, etc,) con el tiempo se acaban convirtiendo en los cotidiano y lo propio "del sistema".
Decía Athair que las rebeliones son mejores si te ayudan. Y es una afirmación que tendría que ser verdad. Que debería ser verdad. Pero por desgracia no es así: ir en contra de un gigante solamente te puede acarrear problemas, sencillamente porque es más grande y fuerte. Y más viejo. Y este gigante es muy muy viejo. Tal vez no en edad, pero sí en experiencia.
Femmenue da un giro muy interesante a la cuestión diciendo:
En mi opinión, la sinceridad descarnada es una clara manifestación de rebeldía en estos tiempos, en los que en todos lados venden humo.
Es una verdad como el templo de Karnak. Se me ocurre que en todas las rebeliones que alguna vez han sido, son, o serán, tienen en el centro a una o a varias personas que han tenido los arrestos suficientes para denunciar algo que estaba mal, sin cremita ni paños calientes. Es una de las bases, sin duda.
Pero la rebeldía que propone Vanessa cuando dice:
Pues yo pienso que para ser rebelde basta con hacer todo lo contrario a lo que te ordena la gente que te rodea.
... posiblemente sea vigente en otras circunstancias. Pero en el presente de órdenes de sutiles, de manipulación subterránea, de mano de hierro con guante de terciopelo y de continuo bombardeo de imágenes, no creo que haya lugar para ella. No basta con eso.
Eleder da un salto cualitativo al tema cuando dice que:
Tener fe en el ser humano.
No creo que, hoy por hoy, pueda haber mayor rebeldía que ésta. Ni más peligrosa.
Estoy de acuerdo, porque además es algo que no pierde vigencia. A cualquiera que mire un poco alrededor se le ocurre de vez en cuando que la idea de una extinción masiva no es tan mala como no la han pintado. A cada momento, sobre todo en las ciudades, se muestra la peor cara del ser humano. De vez en cuando hay un mínimo retazo de iluminación al que, por comparación a lo rutinario, le atribuimos la potencia de una nova, cuando vemos por ejemplo que alguien le cede el sitio a una embarazada en el autobús, o que varias manos ayudan a alguien que se ha resbalado y caido en la calle. Y nos pasamos sonriendo medio día.
Sí, tener fe en el ser humano es hermoso. Y es rebelde porque casi nadie la tiene hoy en día. Es una buena base de la que partir para hacer muchas cosas.
Pero para hacer... ¿qué?
La sinceridad y la fe en el ser humano son herramientas poderosas. Pero ¿qué se puede hacer con ellas?
O tal vez no es necesario hacer nada con ellas porque el mero hecho de poseerlas es indicativo de rebelión y son al mismo tiempo herramienta y objetivo.
Tal vez sea verdad que las rebeliones masivas han demostrado su ineficacia y que se debería optar por rebeliones estrictamente personales.
A fin de cuentas, el egoismo, tan humana característica, ni buena ni mala, está presente en todos los actos. Las rebeliones no iban a ser una excepción.